¿Cobre verde o concentrados negros?, COLUMNA POR IVÁN VALENZUELA

Por años, ser el principal país exportador de cobre ha sido sinónimo de liderazgo en Chile. Nuevos paradigmas cuestionan hoy dicho status.

En primer lugar, hay un problema de oferta. Chile no puede aumentar significativamente su producción, ya no quedan megayacimientos y la rentabilidad está decreciendo. No se puede pretender que “el negocio” solo dependa de ventajas naturales.

Un segundo quiebre son las amenazas y oportunidades de las nuevas tecnologías y sus disrupciones en los negocios. Para agregar valor en la empresa actual es imperativo vincularse a la cadena mundial de valor, a través de productos más complejos y procesos más sofisticados.

El problema es que la minería, sector estratégico para nuestro país, es también muy conservador en innovación e investigación, y está en la retaguardia de los nuevos valores y conceptos que impulsan las empresas líderes. Esto es preocupante para Chile, más aún si exportamos básicamente concentrados. Según estimaciones oficiales, cerca del 43% del cobre producido son concentrados, porcentaje que alcanzaría en la próxima década a casi el 70%. Ello significa exportar más de 12,5 millones de toneladas anuales sin procesar.

Además, los temas ambientales y de trazabilidad han generado cambios profundos: el consumidor quiere conocer la huella de los productos. En el caso del cobre, el incumplimiento de estándares será castigado en el precio. Para Chile es clave tener liderazgo en sustentabilidad y agregación de valor. Pero es difícil pretender el sello de cobre verde, si exportamos cantidades crecientes de concentrados negros.

Todo esto supone revisar el dogma de que procesar concentrados en Chile es un mal negocio. Aunque más estrecho que el minero, no puede descartarse. En Chile existen fundiciones rentables, pese a tener tecnologías antiguas y de tamaño pequeño.

Al revisar los costos de las fundiciones del mundo, lo que más afecta la competitividad es si la gestión responde a un modelo de custom smelter o está integrada al negocio minero. El ahorro en fletes, la recuperación de subproductos y el no pago de penalidades en el caso de concentrados complejos, constituyen una base sólida para pensar en el procesamiento de concentrados como una actividad competitiva y rentable.

Chile puede y debe agregar valor a una industria metalúrgica que tiene historia, modernizándola y abriéndola a nuevos requerimientos del mercado, con materiales y aleaciones más sofisticadas, lo que exige profesionales cada vez más calificados en distintas disciplinas. Esto permite generar valor sostenible, conocimientos y tecnología para el negocio minero y para otros sectores.

 

Iván Valenzuela R.

Director Cesco