Algunos aprendizajes y conclusiones tras Asia Copper Week

Hace dos semanas tuve el privilegio de participar en la 7a versión de la Asia Copper Week, en Shanghai, que reunió a más de 2000 personas, cerca de 60 líderes de 100 importantes compañías y decenas de países. Los principales ejecutivos de empresas mineras discutieron sobre el futuro de la actividad, inversiones, mercados y temas ambientales. Quiero destacar un par de elementos muy positivos para  rematar en una conclusión.

Lo primero: la reunión la organiza Cesco, un think tank chileno, especializado en minería y el invitado de honor, que dio un saludo especial, fue el Ministro de Minería de Chile, Baldo Prokurica. Esto permite conocer de primera fuente qué ocurre en un sector económico clave para Chile y discutir temas de interés en una ambiente globalizado y relevante.

Lo segundo: la conversación de los principales ejecutivos se centró en las conclusiones de un estudio realizado por Cesco con la empresa Spencer Stuart, basado en entrevistas a los ejecutivos de las cupríferas, sobre qué aprendieron tras el súper ciclo del precio del cobre, para manejar de mejor manera las alzas y bajas tan pronunciadas de la actividad. Tema más que relevante para nuestra economía, tan dependiente de este mineral.

Lo tercero: la actividad que se realiza en el principal país consumidor de cobre del mundo, China, se  vincula con otro gran encuentro mundial del cobre que se realiza en Chile, el principal país productor, en abril de cada año. Me refiero a la Cesco Week Santiago.

Finalmente  una reflexión sobre el desarrollo tan diferente entre China  y nuestro país, 40 años después del inicio de la política china que la ha transformado en potencia mundial.  

En 1993 integré una delegación del Ministerio de Minería y Prochile a China, que tenía entre sus objetivos vender tecnología chilena. Más allá de la ingenuidad del propósito, nos dimos cuenta que en ámbitos, como las fundiciones, nuestro país estaba más avanzado. Hoy, 25 años después, China nos vende su tecnología. Es sorprendente un cambio tan radical en un tiempo tan corto, explicado por el acelerado desarrollo chino, pero mucho más, por nuestra falta de acción.

El tamaño de la población china explica parte, pero no  toda la historia. De hecho ésta era prácticamente la misma antes del despegue. Lo diferenciador ha sido la voluntad política de abrirse a la inversión y a los mecanismos del mercado en función de una estrategia de desarrollo nacional.

En nuestro caso, habiendo muchos avances en el periodo, es evidente el retroceso en áreas claves, lo que nos ha pasado la cuenta por un déficit de valor agregado en la estructura de nuestras exportaciones, y en la dificultad para responder a los nuevos desafíos de la competitividad.

La incapacidad para pensar en el largo plazo y para  aumentar nuestro gasto en I+D, más allá de los discursos de todos, no es casual.  Y lo que es más crítico: se ha perdido capacidad y calidad en el aparato del Estado, actor clave para  una articulación eficiente con el sector privado y así poder coordinar acciones y recursos para enfrentar desafíos cada vez complejos, más globales y sistémicos, imposibles de resolver solo por acciones individuales. El fracaso de la inversión de Maersk es el mejor ejemplo.

En ese sentido, es necesario destacar iniciativas como como el Programa Nacional de Minería Alta Ley, Valor Minero y Cesco, que asumen una responsabilidad al tratar de articular a los sectores, públicos, privados y organismos estatales, para poner en la agenda pública los temas del desarrollo minero de largo plazo. Si este esfuerzo no resulta seguiremos con comisiones y diagnósticos, que se repetirán cada cuatro años, mientras nuestra minería sigue marcando el paso.

Iván Valenzuela, Director de Cesco