Punto de quiebre entre la vieja y nueva minería

Durante más de tres décadas CESCO ha perseverado en convocar a nuestro país a asumir en plenitud su ser minero y aprovechar de mejor manera las oportunidades que ofrece nuestra privilegiada riqueza.

Es curioso que a pesar de la enorme gravitación de la minería del cobre- reconocida por todos- en inversión, crecimiento, exportaciones, aportes al fisco, en regiones, en empleo y adaptación tecnológica, la reflexión sobre el sector minero es escasa, básicamente centrada en Codelco, y en términos más generales, pareciera resuelta con el paradigma inalterable desde la década dorada de los 90 de definir como principal objetivo el aumento de la producción.

La política minera de los próximos 30 años, horizonte mínimo de esta actividad, pareciera no ser tema, resolviéndose aparentemente con un “cut and paste” de lo ocurrido en el pasado reciente. Sin embargo, hoy sin duda enfrentamos un punto de quiebre entre la “vieja” minería basada en mega yacimientos de alta ley y la “nueva”, que exige mayor productividad e innovación. Hay una gran oportunidad como país, en base a toda la experiencia y conocimiento acumulado, para pasar con éxito a una minería del conocimiento. Claramente no es fácil, pero no hay alternativa.   

Todos saben, intuyen, adivinan que es prácticamente imposible repetir lo acontecido en el pasado, lo cual debería focalizar al sector y al país en su conjunto en una búsqueda incesante de las nuevas fuentes de crecimiento y desarrollo del sector.  El desafío del futuro es producir cobre con costos competitivos, en condiciones ambientales validadas por la comunidad y logrando irradiar a otros sectores productivos conocimiento y un valor agregado creciente.

Al contrario de otras épocas, la demanda de cobre se ve más asegurada por el mayor uso de la energía eléctrica y energías renovables. Su integración con la energía solar y el litio- elementos muy abundantes en nuestro país- también nos plantea la oportunidad de involucrarnos como país en esos mercados.

Más tarde que temprano, los requerimientos de transparencia y de licencia para operar están obligando a las empresas a repensar sus modelos de vinculación con el entorno y también a diseñar sistemas para abastecer los mercados de manera responsable. Si a eso añadimos el impacto de la automatización y cambios que la digitalización implica para la gestión y aumento de la productividad, junto con la consecuente necesidad de contar con equipos humanos diversos, esenciales para la innovación, es evidente que el sector está ante un nuevo panorama.

Desde lo político, es condición necesaria un real compromiso del Estado para convocar a los diferentes actores al diseño de las políticas públicas necesarias, reforzando y potenciando la institucionalidad minera, creando y sosteniendo las alianzas público-privadas coherentes con los objetivos que se definan, con sentido de política de estado y con horizontes de largo plazo. El cobre en Chile es controlado por no más de 5 empresas, lo que debería facilitar trabajar en visiones concordadas de largo plazo.  Invitamos al gobierno, a las empresas y la sociedad civil a discutir y a generar políticas mineras para los próximos 30 años, en base a tres preguntas:

    1. ¿Como creamos condiciones sustentables para desarrollar proyectos mineros en la Zona Central de Chile donde se encuentran las mayores reservas de cobre que sustentan los grandes proyectos del futuro y que enfrentan desafíos ambientales y comunitarios mucho mas complejos que en el Norte del país?.
    2. ¿Como logramos que las políticas mineras sean el resultado de una discusión que comprometa de forma consensuada a las empresas mineras bajo la ineludible dirección del Estado como expresión de los intereses de todos los chilenos?
    3. ¿Cuál es el camino y cuales las iniciativas para asumir en plenitud esta nueva etapa de la minería que exige mayor conocimiento, desarrollo tecnológico, cuidado por el medio ambiente y productos sustentablemente trazables que nos permitan acceder libremente a los mercados?