El futuro de la exploración minera en Chile

La competitividad de la minería chilena en actividades de exploración relacionadas a empresas Junior e inversión greenfield se ha deteriorado en los últimos años. En términos generales, la industria minera y su inversión se mueven en relación a la demanda de commodities y a los precios de los metales. Las exploraciones no son la excepción y van a la par con estos fundamentos. Sin embargo, bajo distintos escenarios las condiciones locales incentivan o desaniman esta actividad que es fundamental para el reemplazo de recursos de las operaciones existentes y para mantener o aumentar el inventario de minerales explotables de un país. De esta forma, la industria minera se nutre a través de las exploraciones para su futuro de mediano y largo plazo.

Chile siempre ha sido un destino preferido por las compañías mineras por su potencial geológico, es decir, por sus cuantiosos recursos minerales (principalmente de cobre y oro) y por su estabilidad social, política y económica. Cuando los precios de los metales se deterioran, las restricciones y contingencias que presentan algunos países, tales como incertidumbres tributarias, acceso a la propiedad minera y superficial, complejidades y trabas en la obtención de permisos ambientales y comunitarios (licencia social), adquieren mayor relevancia y hacen que las empresas de exploración elijan jurisdicciones que les brinden más certidumbres y estabilidad en el largo plazo.

Si bien es cierto que en su último informe el Instituto Fraser reconoce en Chile un apoyo político para las actividades mineras, también indica que según el “Índice de buenas prácticas para el potencial de los minerales” (donde se clasifican las jurisdicciones según su geología y las políticas que alientan la inversión en exploración) ya Perú supera a Chile, posicionándose en el octavo lugar y un puesto por delante de nuestro país. Adicionalmente, en la sección en que el estudio captura las opiniones sobre los efectos de las políticas “puras” en las jurisdicciones más conocidas (sin considerar su potencial geológico), ninguno de los dos países consigue puestos destacados a nivel global.

Como consecuencia, el gasto en exploraciones que realizan las empresas Junior en Chile se ha deteriorado significativamente (S&P Global, 2018). Del presupuesto para exploración en el país un 89% corresponde a las empresas Major y un 4,4% a empresas Junior. El 42% del gasto se realiza en las etapas avanzadas de exploración y sólo 31% en exploración básica, foco principal de las empresas Junior y el que está destinado a descubrir nuevos yacimientos económicamente explotables.

Por otro lado, el país muestra una restricción al acceso de terrenos potenciales de exploración que abarcan grandes extensiones, ubicadas en franjas metalogénicas identificadas en Chile capaces de hospedar yacimientos económicos. Por una falta de regulación adecuada, existe en Chile propiedad minera “cautiva”, sin actividad minera ni exploratoria, en manos de grandes compañías y de privados más pequeños; estos últimos con expectativas desmesuradas que dificultan el acceso o impiden a compañías que cuentan con los recursos necesarios para realizar exploraciones en esos terrenos. También existen complejidades para el acceso a la propiedad superficial, ya sea vía servidumbre minera o adquisición de terrenos, y no existe un ordenamiento territorial que regule la actividad y permita a las comunidades y empresas saber a qué atenerse y poder establecer relaciones de mutuo beneficio. Asimismo, es complejo levantar financiamiento para una actividad de riesgo como la exploración, tanto a nivel local como en los países de origen de las compañías Junior extranjeras que operan en Chile.

Todo lo anterior hace que Chile pierda competitividad en materia de exploraciones. Esto se vio reflejado en el bajo interés por el país en la última versión del PDAC, la principal convención de exploración minera a nivel mundial (y reforzado por la presencia de Chile en la feria, con un stand en un rincón alejado del centro de interés de los inversionistas y sin una oferta atractiva o una propuesta novedosa).

Chile debe seguir siendo un polo de atracción, para el mundo, en exploraciones mineras

Definitivamente se debe crear un mecanismo adecuado para liberar propiedad minera y ponerla a disposición del mercado de las exploraciones mineras, con la obligación de realizar trabajos de exploración rápidos con presupuestos adecuados y planes de acción concretos, que culminen prontamente con la ejecución de sondajes y que no perjudiquen a la pequeña ni a la mediana minería.

Se deben establecer beneficios tributarios que permitan recuperar ciertos impuestos desde etapas pre-productivas, u otros mecanismos similares a los implementados en países como Canadá con los denominados Flow Through Shares , o el descuento del IVA en los gastos preoperacionales como ocurre en Perú.

Por otra parte, se debe destinar un presupuesto robusto para seguir construyendo una base de información geocientífica de alta calidad a nivel país, proceso que debe liderar Sernageomin. Hasta el momento los recursos destinados a tal propósito han sido insuficientes y la gestión lenta. La información resultante no es toda gratuita, quedando disponible solamente para las grandes empresas capaces de adquirirla.

Chile no es un país maduro en lo que a exploraciones mineras se refiere. Un país maduro es aquel que ya alcanzó un estado de conocimiento tal en que se concluye que ya agotó sus posibilidades de descubrir y generar nuevos recursos minerales económicamente extraíbles. Y este no es el caso. El éxito que han tenido algunas empresas mineras en Chile en los últimos años, en proyectos de exploración poco divulgados, avala y debiera incentivar la inversión en el país.

«The real voyage of discovery consists not in seeking new landscapes but seeing with new eyes”

(Marcel Proust)

El futuro de la exploración en Chile no depende tanto de la riqueza de los yacimientos no descubiertos, que están allí presentes, como de la forma en que hacemos y haremos exploración y minería. Las leyes decrecientes y las mayores profundidades a las que se encuentran los minerales son rasgos presentes en todos los distritos del mundo, y posiblemente los nuevos descubrimientos sigan esta tendencia en el futuro. Por tanto, el desafío es distinto: debemos encontrar la forma de obtener más de menos, y a un menor costo económico, ambiental y social a través de la innovación y el desarrollo tecnológico.

Con este objetivo en mente, Chile puede y debe prepararse para la exploración y descubrimiento de la futura generación de yacimientos: unos de menor ley, otros con potencial para el desarrollo de una mediana minería, y otros mayores, profundos, con posibilidades de altas leyes (como ya se ha constatado en varios descubrimientos existentes en el país). Para ello, los factores positivos de Chile siguen siendo su marco regulatorio claro y amigable con la inversión, su estabilidad social, política y económica, y la presencia de profesionales y técnicos competentes y de tradición minera; adicionalmente, su potencial geológico, rico en minerales de alta demanda para la economía del futuro, le auguran un excelente porvenir. Sin embargo, para aprovechar estas ventajas es imperativo enfrentar los  desafíos actuales: la exploración (y la minería) del futuro tiene que ser amigable con el medioambiente, y los frutos de estas actividades tienen que compartirse y valorarse por toda la sociedad. Para ello, más que grandes y ricos nuevos yacimientos, necesitamos gente abierta a la innovación y la tecnología, con conciencia ambiental y social, que nos permitan “descubrir” nuevas formas de hacer minería.