Jun 22

La empresa canadiense Barrick anunció el inicio del proyecto de oro Pascua-Lama, que situará a Chile cerca de los diez mayores productores de oro del mundo, y que representa uno de los desafíos más paradigmáticos para el desarrollo sustentable en Chile.

 No existen antecedentes en el mundo de un proyecto minero que se realice en una frontera. Chile y Argentina son pioneros al implementar un Tratado de Integración Minera, hito que demuestra la consolidación de las relaciones entre ambos países que estuvieron cerca de una confrontación 30 años atrás.

 Por su tamaño (uno de los proyectos de oro más grandes del mundo) y localización (binacional, ubicado sobre los 4.500 metros de altura y en zona de reservas de agua), Pascua-Lama ha planteado desafíos inéditos en la historia ambiental y minera del país. Cabe por tanto revisar su impacto nacional a partir del balance de su sustentabilidad (dimensiones ambiental, económica y social).

 La dimensión ambiental ha sido sin dudas el aspecto más visible, especialmente por la inquietud de grupos ecologistas por eventuales impactos en glaciares. Es interesante señalar que la minería en zona de glaciares no es nueva en Chile -como en la mina Andina-, pero sólo ahora el tema ha alcanzado notoriedad pública. La campaña mediática en torno al proyecto ha hecho adquirir conciencia sobre esta materia, generándose útiles iniciativas para estudiar y monitorear estos recursos insuficientemente conocidos pero relevantes para el país, dejando atrás los intentos de instrumentalización del tema.

 CONAMA aprobó todos los permisos solicitados luego de redefiniciones del proyecto que especificaron que los glaciares cercanos a la mina no se intervendrán de ninguna forma y que se monitorearán.

 La extrema animosidad de grupos civiles contra la empresa Barrick proviene de la acción de ONG’s internacionales contra la compañía. Sin embargo, en Chile Barrick operó otra gran mina de oro, El Indio, entre 1994 y 2002 en la IV región aplicando desde entonces uno de los primeros planes de cierre mineros de Chile, del cual no se conocen cuestionamientos de la activa agricultura del valle de Elqui.

 En cuanto a la dimensión económica, la inversión de 3.000 millones de dólares llega en un momento oportuno por la suspensión de una parte de las inversiones en la minería del cobre. Como el precio del oro tiende a comportarse de un modo inverso al precio del cobre -al ser utilizado como un valor de refugio en crisis económicas-, es valiosa la diversificación de la cartera minera del país aumentando la importancia del oro. Pascua-Lama se ubica cerca de comunas como Vallenar, con el más alto nivel de desempleo en el país, por lo que los 2.000 empleos durante la etapa de construcción y 800 durante los 23 años de operación de la mina en Chile serán un alivio considerable y ayudarán a la dimensión social que también se favorecerá de la iniciativa de Barrick “Compromiso Atacama” que reúne a Teletón, Un Techo para Chile y América Solidaria.

 Pascua-Lama es un proyecto complejo, pero que ha servido para que el país avance al enfrentar exitosamente nuevos desafíos. Chile necesita el aporte de la minería mientras su balance de sustentabilidad sea positivo. Barrick tiene ahora la gran responsabilidad de implementar este gran proyecto de acuerdo a las mejores prácticas y los compromisos adquiridos con el país y las comunidades y de comunicar de forma transparente y completa su gestión integral de Pascua-Lama.

por Juan Carlos Guajardo B.

Director Ejecutivo

CESCO


Jun 3

Disponer de plantas de generación de energía a partir de fuente nuclear es una opción que Chile debe considerar muy seriamente y con prontitud.

La demanda energética del país crece aceleradamente y las fuentes de generación del país son limitadas. De no abordar los requerimientos futuros hoy, es probable que la matriz energética ofrezca precios elevados y con un impacto ambiental relevante en un horizonte no muy lejano.

Debido a que Chile no cuenta con abundantes fuentes de energía fósil, depende del abastecimiento exterior que es inseguro y sujeto a los vaivenes políticos y de precios. El ejemplo de gas natural argentino desnudó estas flaquezas con gran crudeza.

La hidroelectricidad, una de las principales fuentes de generación de energía nacional, tiene un buen potencial de desarrollo, pero estos recursos se ubican en el extremo sur de Chile, por lo que su explotación comprometería la imagen del país y el turismo de intereses especiales por la creciente presión ambientalista. Además, los cada vez más erráticos ciclos climáticos afectan la certidumbre de los niveles de los embalses especialmente en la zona central.

A propósito de las consideraciones ecológicas, los niveles de emisión son cada vez más relevantes y crecientemente consideradas en acuerdos internacionales vinculantes. Por lo anterior, las decisiones futuras de generación energética debieran considerar esta variable favoreciendo aquellas de menor emisión, como la nuclear e hidroeléctrica en desmedro de las termoeléctricas.

De las otras fuentes energéticas disponibles, sería ideal una desarrollo mayor de las energías renovables como la eólica, geotérmica y solar, pero muy probablemente no alcancen a cubrir los requerimientos reales del país.

Afortunadamente las plantas regasificación de gas natural licuado estarán disponibles pronto, con lo cual el país asegura una opción más de aprovisionamiento, aunque resuelve definitivamente el problema de la dependencia y de emisión.

Gran parte de los problemas descritos se resolverían en caso de que Chile dispusiera de una planta de generación de energía nuclear ya que aumentaría su autonomía y certidumbre energética disminuyendo de paso sus niveles de emisión. No obstante estos beneficios, se debe considerar que se trata de un paso muy relevante en la historia del país ya que obliga a una inversión considerable y a una responsabilidad tecnológica que se exprese en el dominio fiable y seguro de plantas nucleares.

También es necesario superar los temores que existen en la sociedad chilena respecto de esta tecnología, especialmente en cuanto a la capacidad del país para operar de manera segura una planta nuclear. Afortunadamente la experiencia internacional en países como Japón, varios europeos y más cercanos como Argentina y Brasil, dan pie a pensar que se trata de una opción segura. Además, Chile tiene una larga experiencia en materia nuclear –a una escala distinta- a través de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CCHEN.

La minería requiere abundante energía por lo que tiene interés en el destino de este debate, más aún cuando este tema se vincula con la posibilidad de abordar el acuciante tema de la falta de agua en el norte, el cual podría tener como una de sus soluciones, plantas desaladoras de agua de mar que podrían proveer de agua al norte del país.

Es cierto que el debate energético tiene urgencias como la evidencia de que con la cantidad de agua disponible actualmente en el norte, no alcanzaría para sostener el desarrollo minero del país. Pero es también una oportunidad para plantearse un tema con una perspectiva no de problema sino de oportunidad. Abundante energía podría permitir desalar agua de mar en gran cantidad y permitir su bombeo al interior del país, con lo cual se abriría un insospechado potencial para las desérticas tierras nortinas. Sin duda un tema que demanda conocer las posiciones de nuestros candidatos presidenciales.

Por Juan Carlos Guajardo B.

Director Ejecutivo

CESCO