Dic 30

Columna publicada el 30 de diciembre de 2009. Diario La Tercera.

El rechazo de la oferta que Codelco hizo a los trabajadores de Chuquicamata, y la consecuente amenaza de huelga que esto significa, le resulta incomprensible al país.

Los beneficios ofrecidos en materia de bonos ($ 11,5 millones, un crédito blando por otros $ 3 millones) y reajuste salarial (3,8%), son considerables no sólo respecto a acuerdos laborales en otros sectores de la economía chilena, sino incluso si se comparan con los de la propia minería nacional. Baste recordar que la División Andina de Codelco alcanzó un acuerdo anticipado con bonos por $ 7.300.000 y un reajuste salarial de 3%.

Los trabajadores de Chuquicamata, en un acto más bien de voluntarismo, pretenden equiparar sus beneficios a los obtenidos por los trabajadores de Escondida en su última negociación colectiva. Sin embargo esta última mina produce anualmente el doble de cobre (1,2 millones de toneladas), que Chuquicamata (0,6 millones de toneladas), pero con sólo 2000 trabajadores propios, comparados con los más de 6000 de Chuqui. Es cierto que en esta última operación se funde y refina (lo que no se hace en Escondida), y que el yacimiento principal es ostensiblemente más antiguo, pero por lo mismo es evidente que la menor productividad laboral no justifica que se intente equiparar los beneficios de Escondida. Además el convenio colectivo acordado por Escondida con sus trabajadores es por 44 meses mientras que el negociado en Chuquicamata es de solo 36.

Pero más allá de las relevantes consideraciones económicas, lo que queda aquí establecido es que los trabajadores de Chuqui tienen una noción irreal de su rol en el país. La larga historia de las minas de Chuquicamata y El Teniente ha creado una verdadera micro-cultura que los hace considerarse privilegiados e intocables, y por ende actuar de un modo alejado de la realidad económica y social del resto del país. No se trata ya sólo de una negociación colectiva, sino de una permanente actitud de querer imponer sus términos por sobre los criterios de la administración de la empresa. Baste como ejemplo las dificultades que encuentran los gerentes para despedir trabajadores -aun cuando ello se justifique plenamente de acuerdo a las condiciones normales de cualquier empresa-, o la imposibilidad de la administración para modificar la estructura organizacional, sin el consentimiento de los trabajadores a cambio de la entrega de bonos adicionales ad-hoc.

Los chilenos apreciamos el esfuerzo de los trabajadores del cobre por crear riqueza en el desierto, así como el valor de haber constituido una empresa nacional como Codelco a partir de un largo proceso histórico y político. Sin embargo eso no puede convertirse en una carta blanca que impida que todos los chilenos, dueños de la empresa, exijan el mayor esfuerzo y rentabilidad a los activos mineros estatales.

Chile aprecia a Codelco pero también quiere tener la certeza que su manejo le pertenece claramente y no a pequeños grupos de trabajadores. Es así como hoy se hace evidente la disyuntiva a la administración de Codelco, entre ceder a estas demandas -y evitar así los costos de una paralización-, o asumir de verdad una estrategia que le de viabilidad a la empresa en el largo plazo.

Es justo reconocer que los dirigentes sindicales de Codelco han mostrado un sentido de mayor realismo y responsabilidad, entendiendo de mejor manera las circunstancias y desafíos que enfrenta la Corporación. Por ello es esperable que la razón vuelva a las bases de trabajadores y se alcance pronto un acuerdo. No hay que olvidar que Chuquicamata enfrenta el deterioro evidente de sus variables mineras y que requiere inversiones cuantiosas y complejas sólo para mantener sus estándares productivos, desafíos que requerirán de todas las herramientas que aseguren una buena gestión de los mismos. De no ser así las consecuencias las pagaremos todos en algunos años más.

Juan Carlos Guajardo B.
Director Ejecutivo
Centro de Estudios del Cobre y la Minería
CESCO

Dic 28

Columna escrita para Portal Minero - 28 de Diciembre de 2009.


Culmina un año 2009 marcado por un vaivén económico de vértigo, que tuvo consecuencias importantes en el país y por cierto en la industria minera.

Cabe comenzar este recuento señalando que entre los años 2004 y 2008, los mercados de commodities experimentaron una situación que sólo se había registrado a comienzos y a mediados del siglo XX, donde los precios se elevaron muy por sobre sus registros históricos y se mantuvieron allí por varios años. El lapso que medió entre la década del sesenta y el comienzo del actual súper ciclo se caracterizó por una tendencia decreciente en los precios y costos, que llegó a instalar paradigmas muy conservadores en la industria minera, basados en creencias como que el precio de largo plazo era de un dólar por libra. La consabida irrupción de China demostró que el paradigma debía cambiar y que los precios altos llegaban para quedarse. En eso estaba la industria -tratando de convencerse que la creación de valor debía ser el nuevo criterio rector en lugar del control de costos y el crecimiento orgánico-, cuando en Septiembre del 2008 se desata la crisis financiera que fue anunciada como la peor de la historia.

Afortunadamente los hechos demostraron que China y su gran impacto en los cambios que experimenta el mundo, son un factor mucho más trascendente que los problemas de regulación y excesos financieros en EEUU y Europa. ¿Creerá la industria lo mismo o intentará aferrarse al paradigma anterior?. Esta es tal vez la pregunta más importante que marcará el destino de la minería en los próximos años.

Si bien la cartera de proyectos mineros en Chile es muy alta, en el caso del cobre predominan los brownfields en lugar de los greenfields, lo que denota que la capacidad de crecimiento no está al mismo ritmo que en la década de los noventa. Más aún, en el mundo el crecimiento de la oferta de cobre está limitada a pocos países y proyectos específicos. Se requerirá un esfuerzo considerable para que la industria minera del cobre provea la cantidad de metal que el mundo requerirá en el futuro. Y el desafío es hermoso para Chile pues es uno de los pocos países que está en una posición privilegiada para aprovechar las ventajas que se presentan.

Los commodities aumentaron sus precios durante este año, cuando la lógica indicaría que una crisis de tales proporciones supondría una baja en los precios. Muchos atribuyen a especulación este desacople, especialmente quienes prefieren creer en el paradigma anterior. El cobre ha aumentado en un 125% su cotización en este año (más que se ha duplicado), siendo el segundo commodity de mayor alza, luego del plomo y antes que el paladio.

Y si bien es cierto que hay un fuerte interés de los inversionistas por los commodities, ¿son ellos los responsables del alza o son más bien agentes informados que apuestan por un activo que tiene sólidos fundamentos?.

La tormenta fue intensa pero finalmente demostró que no es más que el reflejo de cambios profundos que ocurren en el mundo y que, estimo, favorecerán a las materias primas. Las grandes transformaciones que desplazan el centro de gravedad a Asia abrirán nuevos caminos pero la ruta probablemente tendrá nuevas y fuertes tormentas. De todos modos, la oportunidad para Chile es probablemente histórica.

Juan Carlos Guajardo B.
Director Ejecutivo
Centro de Estudios del Cobre y la Minería
CESCO